Servir a Dios

Cuando Jesús se aprestaba a cumplir con el sacrificio de la cruz por mandato de su Padre mencionó con toda claridad en Juan 17:4 que lo había glorificado cumpliendo con el papel que le había encomendado. Había realizado la voluntad de su Padre no como una obligación sino como un deleite en la difícil tarea encomendada. Esto nos muestra, a manera de ejemplo, que todos nosotros debemos imitarlo confrontando nuestras vidas con la exigencia de nuestro buen Dios respecto al servicio que nos ha encomendado en esta tierra. Al final de nuestros días terrenales, quiera Dios que nuestras palabras sean de cumplimiento y no de frustración al no haber ejercido el servicio encomendado.

El Apóstol Pablo es aún más directo a través de la invocación personal que nos hace a cada cristiano en la Carta a los Romanos:

“Por eso, hermanos míos, ya que Dios es tan bueno con ustedes, les ruego que dediquen toda su vida a servirle y a hacer todo lo que a él le agrada. Así es como se debe adorarlo”

Romanos 12:1 Biblia en Lenguaje Sencillo


En esta versión de la Biblia podemos entender cuál es el “sacrificio vivo … como culto racional” que nos señala la versión bíblica tradicional, demandándonos efectivamente una vida de servicio en la obra de Dios. No se trata de una opción o de un aspecto complementario sino de una exigencia inevitable al presentar nuestros cuerpos y vida en su obra. Hendriksen nos precisa el alcance del término “sacrificio vivo” cuando menciona: “Pablo dice que estos sacrificios … deben ser ‘vivos’, es decir, deben proceder de la nueva vida que hay dentro del creyente”(1), es decir aquella posterior a la conversión de una persona con Cristo en su corazón.

Los cristianos, en muchos casos buscamos una vida cómoda o una congregación en la cual recibamos el servicio de los demás cristianos y que nos requiera la menor exigencia de nuestras vidas ya que en nuestra vida académica, profesional o laboral ya tenemos bastante. El plan de Dios y su requerimiento hacia nosotros es diferente como bien lo señala Rick Warren: “El servicio es lo opuesto a nuestra inclinación natural. La mayoría del tiempo nos interesamos más en que ‘nos sirvan’ que servir. Decimos: ‘Estoy buscando una iglesia que supla mis necesidades y que me sea de bendición’, en vez de decir: ‘busco un lugar para servir y ser de bendición’. Esperamos que otros nos sirvan, no al contrario”(2).

Como miembros del cuerpo de Cristo, su Iglesia, somos parte de ella. Constituimos una pieza clave que forma parte de un todo y no un rol secundario, como a veces podemos creer cuando pensamos que el rol que nos toca desempeñar no tiene notoriedad o aún puede no ser percibido por la congregación. Debemos cuidar de no fallar o de aislarnos de ese cuerpo ya que Dios nos ha salvado para servirlo. Nuevamente el Pastor Warren nos dice en su Libro “Una Vida con Propósito”: “¿Qué pasa cuando una parte del cuerpo falla? Te enfermas. El resto de tu cuerpo sufre. Imagínate si tu hígado decidiera comenzar a vivir por sí mismo: ‘¡Estoy cansado! ¡No quiero servir más a este cuerpo! Quiero un año de descanso; que sólo me alimenten. ¡Tengo que hacer lo mejor para mí!. Deja que otro tome mi lugar'. ¿Qué podría pasar? Tu cuerpo podría morir. Hoy miles de iglesias locales están muriendo porque los cristianos se rehúsan a servir. Se sienten como espectadores, mientras el cuerpo sufre”(3).

Esto nos lleva a revisar nuestra participación dentro de nuestra iglesia local, debiéndonos preguntar si realmente estamos sirviendo como un sacrificio vivo o estamos buscando una iglesia que no incomode más nuestra vida. El rol que nos corresponde como parte del cuerpo de Cristo, para el cual fuimos diseñados, es uno de servicio sin restricciones. Recuerde finalmente una frase muy esclarecedora en el ámbito cristiano:

“El que sirve … sirve”

(1) W. Hendriksen, “Romanos”, p. 444

(2) R. Warren, “Una Vida con Propósito”, p.2523

(3) R. Warren, “Una Vida con Propósito”, p.250-251

 

Edwin Quintanilla